Nacemos con muchas diferencias. Unos son más inteligentes, otros son más oscuros, unos tienen diferentes proporciones morfológicas que los hacen más atractivos al sexo opuesto, mientras otros tienen habilidades para la ciencia o las relaciones interpersonales; en conclusión, no existen ni existirán seres humanos idénticos.
Sin embargo, dentro de los estatutos jurídicos de un sistema democrático, todos somos iguales ante la ley y tenemos los mismos derechos y deberes. Ésto tiene su razón en la justicia, y es que no puede haber justicia sin igualdad de oportunidades.
Si todos somos iguales, entonces, ¿Que hace la diferencia entre un ser humano “exitoso” y otro no tan exitoso? (por supuesto habría que definir qué es ser exitoso, pero eso es tarea para otro post). La diferencia está en que unos saben reconocer y aprovechar esas oportunidades y otros simplemente no lo hacen, o lo hacen muy poco.
¿Pero que hacen las personas que un principio ni siquiera se les brindó la oportunidad? ¿Que hacen aquellas personas que queriendo estudiar se les negó el cupo en la universidad porque no eran lo suficientemente “inteligentes” o no tenían suficiente dinero, trayendo como consecuencia la incapacidad para aprovechar buenas ofertas de trabajo? ¿Es justo que el sistema los discrimine? El estado venezolano es el responsable de garantizar que alguien que nace en una familia pobre tenga las mismas (o casi las mismas) oportunidades de alguien que nace en una familia de la clase media, basándose en los principios democráticos de los que hablábamos.
Igualdad de Oportunidades
Ahora, ¿Cómo se logra ésta igualdad de oportunidades?, teniendo en cuenta que en el mundo predomina un sistema que busca la acumulación de riquezas en manos de unos pocos, la explotación del hombre y el medio ambiente de forma irracional, el egoísmo, el odio, entre otras cosas. Un sistema que por ejemplo, pone en manos de empresas trasnacionales los servicios públicos, trayendo como consecuencia una transculturización, impulsada por las políticas de dichas empresas que impulsan costumbres diferentes, como es el caso de las franquicias de comida rápida. Un sistema que discrimina sistemáticamente a las personas que menos tienen. Un sistema que estimula la fuga de capitales nacionales. Un sistema que estimula la ingesta de alimentos de mala calidad, trayendo como consecuencia enfermedades cardiovasculares (dígase pizza, pollo rostizado, hamburguesa, refresco, entre otros). Un sistema que estimula la destrucción irracional del medio ambiente. Pues, cambiemos el sistema.
Es necesaria la participación de todos los venezolanos en la toma de decisiones que impactan en la vida cotidiana de la república. El estado debe garantizar la entrega del poder real a la población, para que sea ella misma quien decida su propio destino. Además de ésto, debe haber igualdad de condiciones y oportunidades. Una sociedad en donde todos tengamos los mismos derechos (y deberes) y nadie tenga más privilegios que otro.
El otro lado de la moneda
Al sentar a todo el mundo sobre una misma mesa, y concederles el poder de administrar empresas, servicios, instituciones, entre otros, la realidad de dichas instancias se ajusta a la realidad particular del colectivo que las administra. Ésto es positivo, pues entonces los productos de éstas instancias van a estar en concordancia con las necesidades de la comunidad.
Sin embargo, las instancias están sujetas a las condiciones humanas de las personas que las integran; es decir, cambios de humor, arranques de inmadurez, corrupción, venganza, y todos aquellos sentimientos humanos que podamos imaginar. También están sujetas a la heterogeneidad de ideologías y opiniones, cosa que se resuelve mediante el consenso, el cual es necesario alcanzar antes de tomar una decisión. Adicionalmente, la igualdad de privilegios supone la inexistencia de ente controlador o supervisor, es decir, la falta de un mecanismo de regulación de las acciones de sus integrantes y también la falta de un mecanismo que asegure el cumplimiento de las metas de la instancia.
Es entonces donde caben las siguientes preguntas ¿Está el Socialismo reñido con la eficiencia? ¿Hasta que punto se debe llegar a un consenso para tomar decisiones? ¿Qué cosas se deben discutir y que cosas no? ¿Éste modelo de empoderamiento sería apropiado, por ejemplo, para una fábrica de microprocesadores venezolanos?
Ahí les dejo la duda. Saquen ustedes sus propias conclusiones.
Excelente !!! ajja
Me parece que lo justo, es justo para todos, y las oportunidades, bueno, todos deben tener una en la viida. Esa es la filosofía de http://cupoint.com.ar, un sitio que agrupa a todas las ofertas sin importar el sitio de cupones que sea para que los usuarios puedan tener lo mejor